Desconexión y Reconexión…

Esto es algo que se me ocurrió publicar hace mucho tiempo, pero no había dedicado un momento para escribirlo con la dedicación necesaria.  Hace casi un año tuve que hacer una desconexión mental, y digo tuve porque mi mente estaba ya saturada, si intentaba cerrar los ojos y calmarme un poco para pensar en algo me era imposible, tenía un sinnúmero de imágenes corriendo por mi cabeza, perdiendo la capacidad para ver la solución a los problemas.  Inclusive había llegado al punto de reaccionar de manera poco paciente y agresiva con cualquier persona.

A pesar de que no era el mejor momento para viajar por los problemas que estaban encima, decidí hacerlo, en aquella ocasión coincidió con que mi papá estuviera en Bahía de Caráquez en aquél momento por trabajo y se convirtió en la excusa perfecta para ir a pasar unos días con él y olvidarme del mundo.

Bahía de Caraquez (vista aérea)

El primer punto y el más importante de todos, previo aviso a las personas más importantes procedí a apagar mi teléfono celular apenas puse un pie en el departamento de mi papá, avisé que había llegado sin problemas y de ahí en adelante me prometí a mi mismo que me desconectaría por completo del mundo, sin excepción y sin caer en la tentación de revisar un mensaje, un correo o cualquier otro similar, era un momento para mi únicamente.

Los primeros días fueron como el síndrome de abstinencia para un alcohólico o un drogadicto, mi cuerpo se negaba a desconectarse realmente, me seguía costando el cerrar los ojos y no ver un millar de imágenes y recordar los problemas que había dejado en la ciudad.  Pero poco a poco fue mejorando, llegué inclusive al punto de utilizar ejercicios de relajación y meditación para poder volver a la normalidad.  Indudablemente el poder pasar muchas horas conversando con mi papá también fue de las mejores terapias.
Algo que quizá olvidé mencionar es que algo que no pude dejar abandonado en la ciudad fue la bicicleta, quizá la razón principal es que quería al menos cruzar el puente que une a Bahía de Caraquez con San Vicente en la bici, pero al final ese recorrido se terminó convirtiendo en un viaje de 40Km en bicicleta desde Bahía hasta Canoa.  Este fue otro de los puntos que si bien “estresé a mi cuerpo”, realmente fue liberador, no tenía que pensar en nada más que pedalear y ver hacia adelante.
Mi bici en la ciclovía de Bahía a Canoa
Dediqué tiempo a simplemente estar sentado frente a la playa, olvidarme de problemas económicos, laborales, de relaciones personales, del mundo…  Por momentos llegaba a encajar la mirada en algo tan simple como una piedra, un árbol o simplemente el mar.
Los momentos que dediqué a la reflexión lo hice de manera clara y simple, escribiendo en un papel cada uno de mis problemas y poniendo al lado derecho de cada uno de ellos las razones por las que había terminado cargando ese problema a cuestas, cómo podía resolverlo y qué consecuencias habría al hacerlo.  Al final la consigna era una muy sencilla, escoger una de las soluciones y mantenerme firme con esa resolución.
Cuando la semana terminó, volví a encender mi teléfono y me preparé para regresar a aquella ciudad que me esperaba con los fantasmas de mis problemas, la gran diferencia es que tenía nuevamente la capacidad de pensar, de analizar y de encontrar soluciones, había vuelto a ser yo.
Durante todo el tiempo que ha pasado desde esa desconexión extremadamente necesaria, me di cuenta de que para no perder la cabeza necesito mantener mi conexión con las cosas que me dan paz, la naturaleza, mi familia, mis amigos.  Y más aún, hay que dar espacio a la reflexión, el espacio personal y por momentos tan sólo ser yo.Si bien no estoy apegado a ninguna creencia religiosa, alguna vez me hicieron referencia a la existencia de los 7 chakras del hinduísmo, y curiosamente el primer chakra del que hablan es el de “supervivencia” o el de la conexión con la tierra, en teoría un desbalance de ese Chakra va asociado con la inseguridad, con no sentirnos a gusto con lo que tenemos, con el trabajo que hacemos, etc… Y la forma de equilibrarlo es recuperar nuestra conexión con la naturaleza.

Para quienes eso les pueda sonar muy loco o que se quieren mantener más apegados a la lógica, en el libro “un mundo feliz” de Aldous Huxley en cambio hacen referencia a cómo habrían controlado a las personas a través de entretenimiento y distracciones simples, para que se olviden de pensar y habían condicionado a aquellos seres para que no disfruten de la naturaleza, ni de los paisajes, ni de nada que los pudiera convertir en seres “menos productivos”.  No digo que salgan a la calle y abracen un árbol, simplemente no se olviden que la vida es una sola y hay que disfrutarla, hay que disfrutar de las cosas hermosas que tenemos en este mundo, mientras aún lo tenemos.

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