We losers – Nosotros los perdedores

Una palabra famosa, o más bien infame del idioma inglés se convirtió en parte de la jerga común de los jóvenes latinoamericanos (y algunos ya no tan jóvenes también), con la cual se calificaba o marcaba a las personas que no coincidían con el estándar, que no eran populares o que simplemente no encajaban dentro de un grupo, pasamos a ser conocidos como “Los losers”.

Acabo de decir que pasamos a ser conocidos, porque yo fui (soy) parte de ese grupo, los “parias” de la sociedad actual.

Hoy en día se ha tratado de reivindicar el concepto, intentando de alguna manera resarcir lo que causó el trato despectivo que normalmente recibían esos grupos, series de televisión como Glee se enfocan en la idea de que los Losers tienen dotes que los hacen especiales y muestran un poco más el lado humano.

No desmerezco el esfuerzo (si es que realmente es la idea) de los productores de ese tipo de series, pero realmente lo que no habría que buscar es evitar que ese tipo de segregación exista, son cosas que culturalmente no se debería permitir crecer dentro de los niños y jóvenes del mundo.

Hace unos días me recordaron justamente el efecto que causaba ser un paria de niño/joven, hice un comentario sobre algo que me gustaba hacer cuando tenía 16 años y si bien no tuve una mala reacción, si me enojé al escuchar la frase “qué loser”.  Se murieron mis ganas de seguir contando la historia, por una simple razón, eso que decía, lo que para mi era algo divertido, sin malicia y que sacaba una sonrisa de mi época colegial, de repente era considerado como lo que haría un loser y posiblemente digno de burla.

El siguiente comentario (disculpas de por medio) fue que no lo podían imaginar, cuando dije “yo sí era un loser” y lo despectivo que me parecía usar una palabra como esa, me dijeron que era difícil de pensar porque ahora no lo parezco.  Claro, mucho ha pasado desde esos tiempos, es complicado pensar en que alguien que hoy en día es dueño de una empresa, ha salido en la portada de una revista (y entrevistado en otras más), disfruta con diferentes deportes, da charlas e  inclusive fue profesor universitario pudiera ser un “perdedor”.  Y no es que yo hubiese cambiado, tan sólo aprendí a “jugar” bajo las reglas de la sociedad sin perder mi esencia.

Y es por esto que aborrezco el uso de la palabra, los jóvenes/niños pueden ser muy crueles dicen muchos, realmente no lo creo así, pueden ser muy imprudentes sí, por falta de conocimiento, y si aprenden a maltratar o decir cosas soeces es porque faltó quien explicara la diferencia entre “bueno y malo” en aquellos momentos.

Muchos de nosotros, no coincidimos con el resto del mundo por mil y un razones, somos más callados, nos apasionamos por cosas que quizá los demás no disfrutan o no entienden, no nos preocupa ser populares, podemos contar a nuestros amigos con los dedos de una mano (y posiblemente sobren dedos), o simplemente pasamos más tiempo dejando volar nuestra imaginación.

Desde que puedo recordar he escuchado que todos tenemos derecho a pensar diferente, que está defendido inclusive por los derechos humanos, pero en la práctica, en nuestra cercanía, se suele ver poco.

Padres incitando a sus hijos a diferenciarse de los demás, a no juntarse con aquellos “niños extraños”.  Se trata de igualdad y de no coartar la libertad, recuerdo haber conocido algunas personas que de acuerdo a la definición de sociedad eran “populares”, que tenían muchos amigos, a quienes buscaban como el centro de atención, sin embargo al convertirnos en amigos descubría que realmente lo que habían hecho era crear una especie de máscara, una que utilizarían para mostrar al resto del mundo, pero que cuando se sentían en confianza o encontraban a alguien que coincidiera con su forma de pensar, al fin se relajarían y dejan salir al “loser” que llevan dentro.

No puedo forzar a nadie a que cambie su forma de pensar, pero sí los puedo invitar a que lean más, regalen libros, hablen con sus hijos si los tienen, compartan con ellos y déjenlos ser libres.  Es el mejor regalo que les pueden dar, yo agradezco enormemente a mis padres eso, que nunca me hayan forzado a ser alguien diferente, que en lugar de llenarme de cosas materiales me enseñaron el valor de las cosas importantes en la vida y que me dieron un par de alas y me dieron espacio para volar.

Debo confesar que alguna vez pensé en que le demostraría a aquellas personas que me veían como un “Loser” que era todo lo contrario… Por suerte mi memoria es mala para recordar cosas que no trascienden, y al final terminé logrando ser quien soy y hacer lo que he hecho, simplemente porque lo disfruto, generando cambios en la gente y compartiéndolo con el resto, pero siempre porque me llena de satisfacción a mi y no esperando nada a cambio, disfrutando compartir la sonrisa de quienes llamo mis amigos porque se han ganado un espacio en mi vida.

Espero que con el paso del tiempo esta imagen siga desapareciendo, después de todo, la famosa “era de la información” ha hecho que cada vez existan más parias famosos y va cambiando el paradigma, la idea de que para encajar dentro de una sociedad debes ser parte de un grupo mayor y no pensar diferente.

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