Emprendimiento, Startups y Co-Working

Cuando nos juntamos entre 5 compañeros de universidad y decidimos emprender, lanzar un producto y hacer una empresa, lo único en lo que pensamos es en que teníamos una buena idea, ganas y apenas estábamos por terminar nuestros estudios, parecía el momento perfecto.

Si nos decían que lo que estábamos haciendo era crear una “startup” o un “emprendimiento”, no eran términos a los que les hubiéramos dado importancia… Pasó mucho tiempo antes de que comenzara a popularizarse el término a nivel local, a pesar de que Guayaquil siempre ha estado lleno de emprendimientos, de negocios que nacieron y crecieron en esta ciudad, mientras unos fueron exitosos otros no pasaron de los primeros meses, pero seguimos siendo una cuna de ideas, de trabajo y de conexión entre personas.

Viendo hacia atrás

Originalmente pensé en dejar este artículo sin nombres, pues no les pedí permiso a mis ex-compañeros para publicarlo, pero la información está ahí, disponible en registros públicos, en la cabeza de quienes nos vieron salir adelante y también encontrarnos con muchos problemas… Además que no hicimos nada malo, más bien, nos partimos el lomo, nos reímos juntos, sacamos cosas adelante y creo que hicimos lo que mejor pudimos.  Los personajes que arrancamos esta historia fuimos Jaime Serrano, Luis Fernando Baquerizo, Manuel Amador, José Laínez y yo, Iván Campaña.

Muchos hablan de la diferencia entre los negocios que nacían anteriormente y los que aparecen hoy con la llamada “era del conocimiento”, que hoy en día no se necesita de un gran capital para poder arrancar un negocio, que se puede montar algo con tan sólo tener una buena idea, conexión a Internet y meterle ganas.  Conozco casos en los que eso ha funcionado, pero la realidad es que justamente esa facilidad hace que sea cada vez más competitivo el ambiente y descubrir cuál realmente es una buena idea y cuál es un sueño no se trata sólo de lanzarte y “ver que pasa”.
Volviendo a mi historia, esos 5 locos recién salidos de la universidad lanzaron no sólo uno, sino dos proyectos que esperaban salieran a flote, tenían clientes potenciales y dedicaban todo el tiempo que podían a esos proyectos.  Pero al mismo tiempo salimos con una mano adelante y una atrás, lo único que teníamos como capital eran nuestras computadoras (y algunas ya estaban bastante apaleadas) y nuestros cerebros.  Arrancamos casi todos con 23 años, con cero historial de crédito, siendo unos completos desconocidos en el mundo de los negocios y sin un solo “padrino” que nos apoye.Al comienzo varios de nosotros teníamos nuestros trabajos independientes y le dedicábamos nuestro tiempo libre a la “empresa”, pero pronto nos dimos cuenta que si no nos enfocábamos y pasábamos a dedicarle el mismo tiempo que a cualquier otro trabajo, no saldría nada adelante, fue así como nos lanzamos de lleno a “emprender”, en mi caso creo que parte de mi familia debe haber creído que estaba loco, dejé un trabajo estable, un sueldo que quizá no era gigante, pero estaba bastante bien, para simplemente lanzarme a tratar de conseguir clientes.  Durante el primer año nuestra oficina no era más que una pequeña suite en la parte trasera de la casa de uno de nosotros, donde prácticamente vivíamos.

Comenzando a crecer

Aquél año fue el más difícil de todos, lo poco que sabíamos de empresa lo aprendimos entre nuestra experiencia en los trabajos que tuvimos, lo que aprendimos en la universidad y lo que nos decían familia y amigos, el resto fue aprendizaje puro y duro, nuestros sueldos por momentos eran más simbólicos que otra cosa… Tanto así que el almuerzo llegó a convertirse en una papa asada y una lata de atún.Saber cómo manejar la contabilidad de una empresa en la vida real, y ya no simplemente de acuerdo a lo que algún día vimos en clases, manejar dinero, relaciones con los clientes, el estrés de entregar proyectos contra fechas de entrega ajustadas, aprender a sobrevivir cuando un cliente decide pagarte a 60  o hasta 90 días plazo (y arrancas sin financiamiento de algún tipo, imagínense cuantos bancos se rieron de nosotros al ir con 23 o 24 años a pedir un préstamo para arrancar nuestra empresa).

Sin embargo teníamos apoyo de nuestras familias, en algunos casos de nuestras parejas y seguíamos emocionados.  La paciencia de quienes teníamos pareja en esa época creo que fue muy grande, como anécdota al final de esa experiencia ninguna de las parejas que teníamos se mantuvieron, sigo creyendo que “sobrevivir” a estar con un emprendedor merece una medalla (y lo digo conociéndome a mi mismo).Formalmente le pusimos un nombre a nuestra empresa, nos convertimos en Amauta, de esto me puedo jactar, el nombre lo busqué yo, siempre odié que las empresas de software buscaban tener algo en inglés en el nombre y lo más probable es que por algún lado dijera “tech”, “soft”, “bits”, “net” o “hyper”…  Ni se diga de los ultra, plus, nova  y demás…

Pido disculpas por adelantado si alguien se sintió ofendido, pero era lo que veía y sigo viendo hasta el día de hoy (11 años después).  No sé quién se inventó esa moda o si simplemente decidieron buscar en Internet lo primero que saliera y que tuviera algo que ver con tecnología.
En nuestro caso, logré “venderle” la idea a mis socios de utilizar un nombre basado en una palabra en Quechua (que ahora también se ha popularizado), pero esto representaba algo, significaba parte de lo que queríamos hacer… Los Amauta eran quienes se encargaban de pasar el conocimiento de una generación a otra dentro de la cultura Inca, y nosotros buscábamos ser eso, quienes les enseñáramos a las empresas que había cosas nuevas y formas nuevas de hacer las cosas.  Nos dedicamos a abrir camino para nuevos proyectos y nuevas empresas.
Nuestros caballos de batalla (proyectos propios) iniciales fueron mipropiedad.com.ec, Ubikt y luego de un tiempo e inversión, Yeyito.com.  Logramos que una de las cadenas de retail más grandes del país nos abriera las puertas, hacer e-commerce cuando aquí lo más cercano a eso era… Olvídenlo, no había… En la actualidad hay muchas más opciones y ofertas, pero siguen sin fuerza por la falta de una pasarela de pagos local (de lo cual podría escribir un artículo completo).
Aprendimos y crecimos hasta que nuestra fuerza nos lo permitió, logramos sacar proyectos interesantes, llegamos a ser reconocidos, pasamos de ser los 5 chicos de la universidad con un “proyectito” como algunos lo veían; a ser una empresa que ya era llamada a licitar como proveedor para proyectos con corporaciones y empresas grandes, sin embargo todo el aprendizaje que tuvimos no fue suficiente para poder manejar el crecimiento acelerado y lo que creo que es muy importante, el agotamiento mental y anímico, habíamos perdido la fuerza.
Esto hizo que los problemas encontramos luego de 5 años y que quizá hubieran podido ser resueltos con algo del ingenio de los primeros años, se convirtieran en algo que ya nadie sabía cómo solucionar, o simplemente nadie quería solucionar.  Cuando sucedió no había terminado de entender qué pasaba, sabía que habíamos cometido algunos errores, y creo que inclusive podría decir que fue paulatino, pero como en una relación de pareja de la cual ves los problemas, pero te niegas a aceptarlos, cuando ya nos dimos cuenta, era demasiado tarde.
Orgullosamente ecuatorianos y
de paso 2 compañeros de
universidad en la misma
portada de revista.

Al día de hoy mis ex-compañeros y ex-socios se han convertido en directores de área de empresas grandes, trabajando para multinacionales, y lo que aunque da mucho orgullo, poca gente sabe, también uno de ellos es ingeniero a tiempo completo en Google. No doy nombres de empresas simplemente porque como dije antes, no les he pedido permiso y creo que son las historias individuales de cada uno de ellos.  En todo caso, esto lo digo no por alardear, sino porque me interesa dejar claro que no éramos un grupo de tipos sin idea, simplemente gastamos todos nuestros recursos física y mentalmente.

Por mi parte hasta el día de hoy he formado parte como accionista de 3 empresas, de las cuales 2 al momento están con vida y funcionando, creo que puedo decir sin miedo que de manera exitosa.  Y no puedo negar que gran parte de ello se lo debo a la experiencia de empresa que tuvimos durante la época de Amauta, fue nuestra escuela y punto de partida.
Tanto así que una de las empresas que hoy asocian con mi nombre es DOMO SOLUCIONES WEB & TI, nació como un emprendimiento creado entre 4 ex-Amauta (Alejandro Varas, Fernando Alava, Daniel Pastor y yo).

Comenzando de nuevo

Luego de algunos cambios idas y venidas, al final quedó un nuevo grupo de los cuales de las personas originales sólo nos mantuvimos Alejandro y yo y se sumó como socio Emil Aragundi, al día de hoy creo que logramos un buen equilibrio (no sin problemas en el camino obviamente), pero cruzamos el umbral de los 6 años con la empresa sin haber perdido la fuerza, ni la motivación que es extremadamente importante, tenemos un equipo de 12 personas bastante compacto y con un buen nivel de acople.
Sin embargo no todas las empresas creadas en el país o en la ciudad pueden contar la misma historia, y no por falta de creatividad, ganas o esfuerzo.  Los factores pueden ser muy diferentes, desde la dificultad para conseguir recursos, darse a conocer, desarrollar clientes o simplemente estar en el lugar indicado en el momento adecuado.Cuando arrancamos por primera vez, ni siquiera existía Facebook, mientras nosotros tratábamos de arrancar (2004, al mismo tiempo estaba naciendo esa red social) y no fue hasta al menos unos 4 años después que se hizo popular en nuestro país.  Inclusive en su momento intentamos competir con las redes sociales, intentamos crear nuestra versión (eso era yeyito.com, apoyado en el servicio de envío de mensajes a las diferentes redes celulares… Sí, en esa época ni siquiera se podía mandar un SMS si tu teléfono era de otra compañía).

Una diferencia tangible con respecto a la forma de promocionar una empresa, hoy es fácil (relativamente) promocionar una idea, conseguir que varias personas lo distribuyan o lo compartan y se viralice, justamente gracias a las redes sociales.

Pero el resto de cosas, no es fácil de resolver, ni tampoco hay fórmula mágica, cada uno puede ser una historia totalmente diferente.  Algo que nos suele pasar es que debido a que necesitamos resolver los problemas del día a día, a veces nos quedamos encerrados en nuestro entorno y no vemos lo que está sucediendo a nuestro alrededor.
Me di cuenta de eso el año pasado al participar en el evento Lean Startup Machine en la Ciudad de Quito, mi intención fue ir a aprender, específicamente sobre la metodología, sin embargo terminé aprendiendo mucho más que eso.  De partida me puse en contacto con quienes ahora puedo identificar como una comunidad de emprendedores, cuando arranqué en esta aventura lo más cercano a eso era juntarnos entre el grupo de amigos que estábamos montando diferentes empresas y con una cerveza de por medio preguntar: ¿Oye, a ti te ha pasado esto? Cómo lo resolviste, o simplemente maldecir porque no teníamos una solución definitiva, y muchos trabajábamos en la misma área de negocios, en teoría éramos “competencia”, pero manteníamos respeto y nos apoyábamos.Tanto me enganché con la idea que eso hizo que luego pasara a participar como mentor en el Lean Startup Machine de Guayaquil y luego en el Startup Weekend Women y últimamente el NASA Space Apps Challenge como voluntario.  En donde pude constatar que el espíritu emprendedor de los guayaquileños y ecuatorianos en general no ha desaparecido, de hecho siguen apareciendo más y más emprendimientos y las ganas no se van.

Adicional a ello conocí sobre los espacios de co-working en Quito, aunque son varios los que ya existen, con el que tuve la oportunidad de conocer y compartir fue el Buen Trip Hub, donde mi guía fue Hélène Billaud (administradora del espacio), una francesa que comparte las ganas de lograr un cambio en este país y me explicó cómo ellos buscan resolver parte de los problemas comunes que tiene una empresa de base tecnológica al arrancar: tener un espacio donde trabajar, contacto con otras personas que quieren hacer lo mismo que tú y empresas que puedan estar interesadas en lo que haces, posibilidad de hablar con mentores que te ayuden a salir de dudas sobre tu negocio y poder tomarte un café con otros locos igual que tú.  En resumen, tener un espacio donde se comparta conocimiento y se abran las puertas a quien quiere crear algo. (Espero no estar simplificando demasiado en alcance de un espacio de co-working como este).
Quedé gratamente sorprendido al visitarlos, la primera cosa que saltó en mi cabeza es: ¡Porqué  no tenemos algo así en Guayaquil! Como decía al principio, somos una ciudad que nació y creció a punta de emprendedores, muchos nacionales y otros que llegaron de diferentes partes del mundo.  Lo lógico sería poder tener un lugar que permita que más empresas y talentos salgan a flote.
A nivel gubernamental se habla hoy en día del cambio de la matriz productiva, y si bien estoy de acuerdo en que hay que hacerlo, creo que no se ha encaminado bien y nos hemos quedado en esperar a que el gobierno nos empuje y nos ponga contra la pared para ver que hacemos, cuando es algo que desde el sector privado, específicamente de los emprendimientos, podrían salir muchas más ideas y cambios verdaderos.  Si alguien quiere tener una ligera idea de porqué debemos cambiar la matriz productiva, lean la breve historia económica del Ecuador (en digital gracias a la Flacso).
Uniendo las historias, lo que nosotros tuvimos que vivir para poder salir a flote (créanme, posiblemente algunas canas, noches sin sueño y dolores de cabeza se podrían haber evitado, jajaja…).  Tener un espacio de co-working en Guayaquil no sólo tiene sentido, sino que es casi imperativo si queremos acelerar el desarrollo de empresas y aumentar la cantidad de buenos resultados.
Hace años la “moda” era hablar de incubadoras de empresas, aceleradoras de negocios y demás (la primera vez que escuché el término de hecho fue en el 2003), y aunque dan también un apoyo importante, todo se limita a cuantos recursos hay y si llegas a ser un beneficiario de esos apoyos, en cambio un espacio de trabajo colaborativo da la opción de que seamos cada uno de nosotros los que nos esforcemos y tomemos el control sobre qué tan bien nos va a ir.Antes de terminar, también en Quito tuve el placer de conocer a Fabian Dittrich de Startup Diaries, un alemán que decidió llevar su oficina a las carreteras de latinoamérica y en su camino va documentando lo que encuentra, y una de las cosas que llamó mi atención es justamente el impacto de los espacios colaborativos en la forma de llevar los negocios en latinoamérica, si tienen un tiempo les recomiendo ver los videos y empaparse de lo que está sucediendo.

Cierro esto con un pensamiento, para poder trabajar en un espacio colaborativo tienes que estar dispuesto a abrir tu mente y posiblemente cambiar tu forma de trabajo, querer aprender y compartir desde un café hasta tu conocimiento.PD: Me gustaría recalcar que al mismo tiempo que nuestra historia sucedía, las de otros amigos también se dieron con sus propias empresas, y cada uno puede contar desde su punto de vista lo que pasó, lo que fue bien, lo que fue mal y qué podrían aportar a este ecosistema actual.

También si algo se me escapó (son muchos años que han pasado y muchas historias), estoy abierto a corregir y ampliar el artículo según sea necesario.

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