Pedalear en una ciudad sin caminos

Hace un tiempo me preguntaron: ¿No te da miedo pedalear por las calles de Guayaquil?

Mi respuesta inmediata era un no rotundo, diciendo que no era tan difícil como se lo imaginaban.  Luego de que me lo preguntaran varias veces me puse a analizar un poco más mis recorridos mientras avanzaba por la ciudad en mi bici.  Y realmente esto hizo que me volviera a preguntar si realmente era así de fácil, o si más bien se había vuelto una mezcla entre mi percepción y la realidad.

Un golpe de realismo

Luego de reflexionarlo un poco al final me terminé dando una respuesta, y no, no es fácil moverse en bici por una ciudad en donde a pesar de que la ley indica que la prioridad la tienen los peatones, seguidos de los ciclistas y motos, los buses y finalmente los autos.  Lo que terminó pasando realmente es que me acostumbré a buscar mi espacio dentro del tránsito de la ciudad, manteniéndome siempre alerta al pedalear.

Somos una ciudad donde las aceras se vuelven más pequeñas sólo para darle más espacio a los autos, aunque se establezca que conducirlo es un privilegio y no un derecho, se le da más peso a esos privilegiados y no a los que por derecho deberían tener prioridad.  Al respecto en Guayaquil en Bici tuvimos hace ya cerca de 7 años una reseña sobre la ley ecuatoriana con respecto a las bicis, dividido en 3 partes (parte 1, parte 2 y parte 3).

Este video que grabé hace algunos años deja claro lo asfixiante que se puede sentir el moverse en medio de calles con autos que no respetan el espacio de los ciclistas (incluyendo la ciclovía del centro de la ciudad).  Si se preguntan si sigo andando en bici a pesar de esto, la respuesta es sí y a continuación les explicaré porqué lo hago.

Persistir o Perder

La razón básica y esencial es porque me niego a dejar de pedalear es que me permite movilizarme fácilmente por la ciudad, olvidarme de pelear por encontrar un parqueadero, ir asfixiado en el transporte público, gastar dinero en buses o taxi, tener en pocas palabras libertad.

Y es que el no hacerlo se volvería simplemente rendirme sin haber “dado pelea”, y no lo digo con el ánimo de plantear una actitud agresiva, más bien que debemos reclamar el espacio que por derecho nos corresponde, el espacio público, esto sin convertirse en un extremista o decir que sólo deberían existir ciclistas y peatones en las calles, el secreto sigue siendo la convivencia.

Para no enfocarnos únicamente en el entorno nacional, sino más bien en el latinoamericano, tuve la oportunidad de vivir en Santiago de Chile, donde a pesar de contar con una extensa red de ciclovías dentro de la ciudad, el ciclista sigue siendo un “ciudadano de 2da clase”, literalmente después de 7 años andando en bici por mi ciudad, al intentar hacerlo allí fuera de las zonas donde había ciclovías, era como ser un corderito paseándose entre lobos, tanto así que un par de veces opté por bajarme de la bici y caminar hasta llegar a una zona menos transitada o simplemente encontrar una ciclovía.

Haciendo camino

Con la historia hasta este punto, creo que más de uno se desanimaría de pedalear por la ciudad, y no es nada más alejado de mi intención original, realmente lo que tenemos que hacer es animarnos a hacerlo, a salir con la bici y redescubrir sus rincones, pero teniendo muy claro qué es lo que nos vamos a encontrar y cómo tenemos que contrarrestarlo.

Algunos tips sencillos:

  • Conoce bien todas las posibles rutas para moverte entre tus puntos usuales: casa, trabajo, gimnasio, etc.  Siempre habrá una forma más fácil, rápida y menos transitada para llegar.
  • Asume que vas a tener que “pelear” por un espacio, es decir hay que demostrar que somos parte del tránsito, ir siempre delante de los autos para que puedan prever nuestras acciones, no hacer cambios bruscos sin hacer señales, respetar las señales de tránsito.
  • Mantén una actitud positiva, muchas veces algo tan sencillo como sonreír en lugar de enojarnos puede hacer que los demás empaticen con mayor facilidad con nosotros y de a poco nos vayamos ganando un poco más de espacio en la calle.

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