Trabajo remoto en Ecuador: ¿Es posible?

¿Qué es el trabajo remoto o teletrabajo?

El trabajo remoto se refiere a desempeñar las funciones operativas de algún cargo de la empresa, pero sin estar físicamente presenta en sus oficinas, puede darse por un sin número de razones, por salud, por viajes, por distancia o inclusive por rentabilidad.

Voy a tratar de utilizar algunos ejemplos de los escenarios más comunes o al menos los más interesantes.  Normalmente se cree que un trabajo remoto es para personas del área técnica o informática, si bien es el caso más común, ya que puede realizar su trabajo sin necesidad de algo más que su computador y una conexión a Internet.

Sin embargo no son los únicos casos, existen un sinnúmero de trabajos que se pueden realizar de esa manera, desde operativo de un call center, pasando por un gestor de proyectos hasta un analista económico.

Las ventajas de este modelo pueden ser muchas si es que se maneja apropiadamente, desde reducción de costos hasta mejora del rendimiento, y es en eso en lo que me quiero enfocar, un análisis de problemas/beneficios y qué es lo que tenemos y/o nos falta en el país para poder aprovecharlo.

¿Dónde estamos?

Hace exactamente 1 año, en agosto de 2016 en el Ecuador se publicó la normativa para poder aplicar el trabajo remoto o teletrabajo (Acuerdo Ministerial #MDT-2016-190), con esto se definían derechos y obligaciones tanto para trabajadores como para empleadores.

Si no has escuchado antes estos términos, pueden sonarte bastante extraños, especialmente si no has pensado en que es posible tener un trabajo sin necesidad de estar atado a una ubicación física, y esto no se refiere a simplemente trabajar desde casa.

Esta modalidad permite dar trabajo a personas en zonas que bajo otras condiciones sería muy complicado, o inclusive permite activar y mejorar el nivel de vida en regiones de menor desarrollo económico.  El enfoque principal es permitirle a las personas con las capacidades adecuadas, desarrollarse en su área de trabajo sin necesidad de obligarlos a cambiar de ubicación.

Pensemos en un caso hipotético, un chico de 25 años, graduado de la universidad como ingeniero en software, viviendo en Manabí, luego del terremoto perdió a sus padres y debió convertirse en cabeza de familia, cuidando a sus 2 hermanos de 14 y 16, las ofertas de trabajo se redujeron y tiene dos opciones, dejar su ciudad y su provincia, dejando a los hermanos en cuidado de alguien más con tal de poder moverse a una ciudad que le de más oportunidades, como Quito o Guayaquil.

Cambiemos ahora un poco el escenario, qué pasaría si una empresa decide aprovechar el acuerdo ministerial del gobierno, él se puede quedar cerca de su familia para ayudarlos y aún así es contratado por una empresa de Guayaquil, con el sueldo que recibiría en esa ciudad, pero teniendo los gastos de su ciudad (que normalmente tienden a ser menores por no ser una capital), no sólo le damos una oportunidad de desarrollo, sino que también reducimos los gastos, él va a estar más motivado, la economía de su ciudad recibe dinero directamente y se apoya el desarrollo.

Ese es apenas un caso hipotético de cómo se podría aprovechar, claro que algunos ya deben estar pensando en los peros o las razones por las cuales eso no funcionaría, y estoy de acuerdo, porque si bien es una idea que apoyo, es necesario que algunas condiciones se cumplan para que esto pueda funcionar.

Del concepto a la realidad

De acuerdo a este artículo de El Telégrafo se dice que en una empresa que decidió aplicar este modelo la productividad aumentó de entre el 20 al 30% entre 2015 y 2016 con los empleados que estaban bajo esa modalidad, pero la forma de evaluación debe cambiar para que algo así funcione, porque se pasa a medir eficiencia por las metas alcanzadas, no por el tiempo trabajado.

Y es que aquí parte uno de los puntos más importantes del teletrabajo, en los empleos normales se está acostumbrado a entrar entre 8 y 9 de la mañana y salir entre 5 a 6, completando sus 8 horas laborables, incluyendo su hora de almuerzo y así una y otra vez todos los días, hay muchos que pierden la motivación porque simplemente se acostumbran al ritmo y porque saben que al final del mes recibirán su sueldo y será el momento de volver a comenzar un ciclo más.

A esta rutina se le debe sumar el tiempo de viaje que ya sea en transporte público o privado, incluye un tiempo promedio (en el mejor de los casos) de 2 horas (entre la mañana y la tarde), más el costo de la alimentación, o si prefieren cocinar en sus casas ya sea antes de salir o 1 día antes deberíamos sumarle una hora más a la rutina.

Al final terminan siendo un mínimo de 10 a 11 horas, dedicados a la rutina del trabajo, pero en la práctica, de esas 10 horas, apenas unas 6 son realmente productivas (según distintos autores).

En el trabajo remoto no hay oficinas a las que ir, puedo estar fácilmente en un balcón frente al mar en Bahía de Caráquez preparando mi presentación para un proyecto que se va a presentar en Quito para vender un producto fabricado en Guayaquil, pero a diferencia de la creencia popular, trabajar fuera de una oficina no va a generar menos presión, se pueden encontrar con un panorama totalmente diferente.  ¿Qué hay que tomar en cuenta?  Hay que ser eficiente, organizado y por ende más productivo.

He visto casos de empleados que se quedan hasta 10 u 12 horas en una oficina, porque dicen que el tiempo no les alcanza para terminar sus tareas, sin embargo no se desconectan de su celular para revisar el Whatsapp cada 15 minutos, o abrir el Facebook cada vez que aparece una notificación en su pantalla, si sumamos cada momento de distracción el tiempo que cuesta volver a concentrarse cuando eso pasa podríamos darnos cuenta que fácilmente el día laboral efectivo se reduce a 4 horas o menos, pues según un estudio de la Universidad de Carneggie Mellon, el “multitasking” o “multitarea”, hace que cada vez que tengamos una de esas distracciones durante un momento de concentración nos tome aproximadamente 25 minutos para volver a enfocarnos y concentrarnos en lo que estábamos haciendo.

A nivel mundial existen miles de empresas que están optando por mover a su fuerza laboral y no sólo a nivel técnico, tampoco por los beneficios económicos, sino porque en lugar de cerrarse al “talento local”, ellos se dedican a buscar dónde está el talento alrededor del mundo, es ese el verdadero aporte de la globalización.

Cambiando el enfoque

Con lo expuesto anteriormente, si eso pasa en la oficinas normalmente, cómo podría yo como empleador confiar en que esa situación que normalmente se ve en las oficinas se vea empeorada por el hecho de que ahora mis colaboradores no estén físicamente en la oficina, sino que pueden estar en otra parte de la ciudad, o inclusive en otro país.

Obviamente el punto de partida debe ser la confianza, pero eso no puede bastar, debe haber un plan de trabajo bien estructurado que nos permita saber por semana cuáles van a ser las responsabilidades de cada miembro del equipo de trabajo, las metas a alcanzar, los posibles problemas y las prioridades.

Es por ello que las empresas que optan por esta metodología dejan de ver el número de horas, sino la efectividad, las metas alcanzadas y el cumplimiento de objetivos.  En mi experiencia eso se hace visible porque al poder decidir cuál va a ser mi ambiente de trabajo ideal, sin tener que desperdiciar tiempo en traslado y ganando más tiempo para mi mismo, cada colaborador se va a sentir más motivado para retribuir a la compañía que le está dando la oportunidad de disfrutar de eso.

Y esto puede ser por cosas tan sencillas como poder escuchar la música que quiero al volumen que quiero mientras trabajo, o si tengo hijos poder tomarme unos minutos para ir a recogerlos a la escuela, tomarme un café con mi pareja mientras reviso documentos de trabajo, o inclusive casos más complicados como poder estar pendiente de algún familiar enfermo sin descuidar mis obligaciones.

Retomando el tema del enfoque creo que debe quedar claro que eso implica un cambio de ambas partes, tanto empleador como colaboradores.  Conocí hace algunos años el caso de una empresa en la que fue necesario cerrar las oficinas que tenían porque literalmente se había vuelto un gasto innecesario, poco a poco los miembros de la empresa optaron por la modalidad remota hasta que al final eran muy pocos para justificar el gastar en una oficina.  Sin embargo, ellos siguen operando al día de hoy y de manera muy satisfactoria.

¿Qué nos falta?

Como país en temas legales ya tenemos un punto de partida, creo que hay un sinnúmero de empresas que fácilmente podrían sacarle provecho a un esquema de este estilo y realmente verse beneficiado.  Sin embargo, la falta de orden, la inexistencia de una cultura de eficiencia, de establecer objetivos claros, alcanzables y medibles, hace que es espectro se reduzca.

Como empleador revisé cientos de hojas de vida, perfiles distintos, niveles de conocimiento que variaban desde lo más básico hasta quienes ostentaban ya al menos un par de maestrías.  Pero en la práctica hay pocas personas en las que podría confiar a ojos cerrados para encomendarles trabajo de ese estilo.

Y es que ahí también hay otra cara de la moneda. ¿Qué pasa si no se cumplen los objetivos planteados? En nuestra sociedad nos acostumbramos a buscar excusas para justificar todos los incumplimientos, por más que el error esté en nuestras caras, con nuestro nombre y apellido, pero aún así, terminamos diciendo que no es de nosotros, sino de alguien más, o recurrimos al Deus Ex Machina, esa fuerza desconocida que nos cambia el destino o nos controla.  Pero en estos casos las condiciones deben ser equivalentes a los beneficios, si no funciona, simplemente no se puede mantener el esquema o inclusive es mejor prescindir de esa persona.

Es difícil pensar que una persona teniendo todo a su favor en cuanto a condiciones de trabajo, no decida cumplir con lo que se le asigna y aprender a ser más efectivo justamente para poder sacarle mayor provecho aún a su condición de trabajador remoto.

Una mirada hacia afuera.

Para cerrar este análisis, no quería dejar de lado un tema importante, el no sólo ver hacia dentro, sino también hacia afuera.  Expuse el caso de un trabajador remoto dentro del mismo país, pero que pasa si movemos ese mismo esquema fuera de los límites de nuestro país.

Imaginemos una empresa ubicada en San Francisco, Estados Unidos, pero que su mayor fuerza de trabajo estuviera ubicada en Santiago de Chile, si bien Santiago es una ciudad que en términos económicos, no es barata comparada con el resto de Latinoamérica, aún así tiene un costo de vida mucho más bajo que el de los Estados Unidos y tiene una población lo suficientemente grande como para poder buscar talentos que pueda aprovechar y que sin necesidad de transportarlos hasta mis oficinas puedan formar parte de mi equipo, teniendo un sueldo altamente competitivo y que los satisface completamente.

Además el país donde residan mis colaboradores recibiría esa inyección de dinero sin necesidad de exportar ningún bien físico, sin perder talentos, sin romper lazos familiares. ¿No es acaso eso un relación ganar-ganar?

Claro que para esto sea realidad es necesario que muchas condiciones se cumplan, partiendo con que el nivel de conocimientos y habilidades estén a la par de quienes necesitaría normalmente en el país donde opero.  Y es ahí también donde nuestro país tiene un vacío que llenar ampliamente.  Si bien una parte sale de las universidades, el resto cae netamente en nuestras manos para continuar capacitándonos y aprendiendo.

De esto puedo hablar con argumentos, porque el caso de Chile que expuse un poco antes, no es hipotético, sin incluir nombres puedo decir que conocí tanto a la empresa como a varias de las personas que formaban parte de su equipo, así como también tuve el gusto de conocer a miembros de otra empresa de Costa Rica que manejan el mismo esquema  con miembros de su equipo distribuidos por todo Latinoamérica, y finalmente que en este momento yo también estoy formando parte de un equipo remoto y distribuido.

Y aquí de nuevo va una crítica hacia nuestra sociedad, si bien me encantaría que otras personas tuvieran esa misma oportunidad de mantener una relación de trabajo con una empresa de afuera, que genera ingresos al país y permite mejorar el nivel de vida internamente, no es algo que pueda ofrecer a cualquiera.  Creo yo que no es por falta de capacidades, sino más bien una mezcla entre la falta de una mejor formación en las universidades agravado por la falta de motivación y empuje para querer salir de la burbuja de lo que nos rodea.

Al menos en el área técnica he visto personas que aprendieron a utilizar una herramienta, ya sea por estudios o por trabajo y han pasado más de 10 o 15 años sin crecer o aprender algo más, si buscamos a alguien con la mismo tarea afuera de repente nos enteramos que la herramienta o tecnología que esa persona lleva usando por 15 años… hace 8 que se volvió obsoleta y hace 6 que fue completamente reemplazada y/o mejorada… y eso no aplica sólo a lo técnico, desde métodos de estudio, redacción, composición, etc… todo sigue cambiando constantemente, pero a menudo nuestras sociedades se quedan en lo básico, en lo que aprendieron, o peor aún, en la idea de “sembrar, cosechar y vender”.

Por eso de repente viene alguien y en lugar de vender lo que cosechamos lo transforma en un producto y termina ganando 10 veces lo que nosotros, y nos quejamos de porqué él pudo y nosotros no… No siempre es un tema económico, sino de visión.  Para muestra un botón, los dueños de la compañía Runa LLC, eran apenas dos chicos norteamericanos que llegaron al Ecuador, pasearon y durante su estadía vieron un potencial en apenas unas “simples” hojas, y ahora tienen una compañía basada en algo que estuvo frente a nuestros ojos todo el tiempo y que probablemente ahora muchos se preguntan. ¿porqué no se me ocurrió a mi?

Quiero cerrar esto con la idea de que si bien nunca he sido fan del fútbol, es necesario hacer uso de una referencia a ese deporte, pues cuando era niño siempre teníamos la broma de que el mundo se acabaría cuando Ecuador llegara al mundial… Sin embargo lo hizo, cuando entrevistaron al técnico que los acompañó durante esa primera clasificación lo único que él hacía énfasis es que aparte de su trabajo lo único que había hecho era motivarlos a que piensen en que sí se puede.

Y es que la motivación es un motor más fuerte que cualquier cosa, mientras tengamos el ánimo y nos quitemos bloqueos de la cabeza de que algo no se puede porque no está a mi alcance, o entre mis capacidades, seremos capaces de avanzar no sólo como país, sino como sociedad.

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